El pacto de las hadas y la estrella fugaz

El pacto de las hadas y la estrella fugaz

En el reino encantado de Lumina, donde los arroyos murmuraban melodías y los
árboles danzaban con el viento, habitaban seres de una belleza sin igual, las hadas. Entre ellas,
se destacaban dos jóvenes ninfas muy especiales: Alba, de cabellos como la plata resplandeciente bajo la luna, y
Celeste, con ojos de un azul profundo como el mismo firmamento.

Alba, alegre y curiosa, poseía un carácter inquieto que le llevaba a explorar cada rincón del bosque,
siempre con una risa cristalina adornando sus labios. Celeste, en cambio, era la calma personificada,
una sabia consejera que miraba la vida con la serenidad de las estrellas.

Un día, mientras atravesaban un claro iluminado por el sol, encontraron un cervatillo herido.
"¿Qué te ocurrió, pequeño amigo?" preguntó Alba, mientras extendía sus manos emitiendo un
brillo curativo.

Las hadas intercambiaron miradas preocupadas. Hacía tiempo que notaban los cambios
sobre los que el cervatillo alertaba: un oscurecimiento sutil, pero creciente.

Decididas a enfrentar el misterio, Alba y Celeste emprendieron juntas un viaje. La primera parada
fue el encuentro con la ancianda Aurora, la más sabia de las hadas, quien moraba en un árbol milenario.
"Haced un pacto con los cielos", aconsejó, su voz tan antigua como el mismo viento.

Durante noches enteras, las jóvenes vigilaban el cielo nocturno hasta que, en una velada radiante,
una estrella fugaz surcó el espacio ante sus emocionados ojos.

Fue entonces cuando un halo lumínico las envolvió, y una presencia ancestral se manifestó ante ellas.

La travesía de descubrimiento

La presencia, un ser de luz relumbrante, reveló su nombre como Astrea, y con voz etérea dictó su ayuda:
"Tres pruebas habréis de superar, cada una desvelará un poder oculto en vosotras, traedme entonces una flor de luna,
un cristal de roca y la pluma de un grifo. Solo habiendo reunido los tres, la verdad será conocida".

El primer desafío les llevó a la Cueva Centelleante, donde crecían las flores de luna.
Sin embargo, la oscuridad acechaba, y para recoger la flor, debían superar sus miedos internos.
"La luz que buscáis se halla en vuestro interior", susurró la flor. Al reconocer su valentía y enfrentar sus propios temores, la flor brilló, permitiéndoles tomarla.

El siguiente reto estuvo en lo alto de un precipicio gris y azul, donde los cristales de roca se aferraban a la montaña.
Una criatura de roca les impidió el paso, mas Celeste, con palabras dulces y sabias, hizo ver que no toda
fuerza viene de la confrontación, prevaleciendo así la persuasión sobre la violencia.

Finalmente, en el Valle de los Grifos, un ser majestuoso y dorado guardaba su nido. Alba, con su habilidad para
comunicarse con todas las criaturas, entabló un diálogo con la criatura, que al final accedió a obsequiarle una de sus preciosas plumas,
conmovida por la sinceridad y el respeto de la ninfa.

El enfrentamiento con la sombra

Con los tres elementos reunidos, las hadas regresaron ante Astrea, quien las guió hacia el origen del mal:
el Corazón Oscuro del Bosque. Allí, aguardaba silente y poderosa la sombra que atemorizaba Lumina.

"Para disolver la oscuridad, debéis combinar vuestra esencia y vuestros dones recién descubiertos",
aseveró Astrea. Alba y Celeste, unidas, proyectaron su luz contra la sombra que se retorcía y chillaba.

En un último y desesperado intento, la sombra se abalanzó hacia ellas. Sin embargo, la pureza de las hadas, su valor,
perspicacia y gentileza, formaron un escudo impenetrable. Con cada uno, la sombra se debilitaba hasta desvanecerse en un soplo inofensivo.

Una vez disipada la penumbra, el bosque reverdeció y las criaturas celebraron. Alba y Celeste, exhaustas pero exultantes,
comprendieron la enseñanza: el equilibrio entre luz y sombra, valentía y prudencia, hablando y escuchando,
son fundamentales para la armonía de Lumina.

La revelación final

Para su sorpresa, tras el triunfo, una última manifestación reluciente asomó: el cervatillo hablaba, pero esta vez sin miedo.
Era portador de un secreto. "Gracias a vuestro coraje y amor por la naturaleza, el ciclo de vida vuelve a su curso.
Yo, un ser místico, os bendigo con la eterna gratitud de Lumina, y os concedo el más noble de los títulos: Guardianas de la Luz y la Sombra".

Las hadas, ahora honradas con ese título, prometieron seguir protegiendo su hogar y sus habitantes,
asegurando que la oscuridad y la luz sigan en su danza armoniosa.

Reflexiones sobre el cuento "El pacto de las hadas y la estrella fugaz"

Con "El pacto de las hadas y la estrella fugaz", buscamos entregar un mensaje de esperanza y armonía.
Este cuento nos enseña que los desafíos de la vida, al igual que cualquier sombra, se pueden superar con valentía, empatía y sabiduría,
y que cada uno de nosotros alberga una luz interior capaz de enfrentar la oscuridad y mantener el equilibrio del mundo que nos rodea.

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Lucía Quiles López

Lucía Quiles López es una escritora y cuentacuentos apasionada, graduada en Literatura Comparada, que ha dedicado gran parte de su vida a explorar diferentes formas de narrativa y poesía, lo que ha enriquecido su estilo de escritura y narración. Como cuentacuentos, ha participado en numerosos festivales locales y talleres en bibliotecas, donde su calidez y habilidad para conectar con el público la han convertido en una figura querida y respetada. Además de su trabajo como cuentacuentos, Lucía es una colaboradora habitual en revistas literarias y blogs, y actualmente está trabajando en su primer libro de cuentos.

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