Puentes hacia el yo olvidado

Puentes hacia el yo olvidado

En la soledad de un mundo olvidado, donde la bruma de la incomprensión lo cubría todo, comenzaba a despuntar el alba de un nuevo ciclo. Los primeros rayos del sol filtraban a través de las altas y frondosas copas de las coníferas, pintando de dorado el musgo que alfombraba el suelo y exaltando el canto de un mundo ancestral. Aquí convivían en una armonía obligada los seres del Jurásico, y entre ellos, dos seres humanos que el destino había llevado a un tiempo no propio: Lucía y Alejandro.

Lucía, con su cabellera de ondas castañas que jugueteaba con la brisa matutina y su mirada de ámbar, reflejaba una personalidad tan inquieta como el riachuelo cercano. Alejandro, de andar firme y ojos profundos, era más bien un pensador, de esos que miden cada palabra, cada paso. Ambos compartían no solo un vínculo amistoso sino un propósito: regresar a su tiempo.

Un Encuentro Inesperado

"¿Crees en las casualidades?", preguntaba Lucía mientras observaban las enormes huellas que un triceratops había dejado en el lodo la noche anterior. "No", respondió Alejandro con firmeza, "creo en las causalidades, todo tiene un porqué, aunque aún no sepamos el de nuestra presencia aquí".

Aquel fue el día en que se toparon con Artemio, un anciano de barba cana y ojos tan sabios como los ancestrales árboles que les rodeaban. "Tienen la marca del viajero", comentó sin más y, desde entonces, se convirtió en su guía.

Una enseñanza entre gigantes

Artemio los llevó a un claro donde yacía dormido un ser colosal, un diplodocus. "La paciencia es la clave", les dijo mientras contemplaban fascinados al gigante. "No solo para entender a estas criaturas, sino para entender su propio viaje".

Lucía, con su característico ímpetu, quiso despertar al dinosaurio. Pero Alejandro la detuvo. "Espera, observa. A veces, la respuesta viene a nosotros si cultivamos la paciencia". El enorme animal abrió un ojo, miró a los intrusos y, como aceptándolos, volvió a su sueño.

Un Viaje Inesperado

Mientras se adentraban en el denso bosque siguiendo a su nuevo mentor, se toparon con una cascada de cristalinas aguas. Artemio habló de un río del tiempo y cómo, en ciertos lugares, las aguas se enredaban de tal modo que formaban puentes entre eras.

"Mañana al alba", comenzó Artemio con tono misterioso, "cuando la luz del sol forme el arco sobre la cascada, podrán cruzar. Pero deberán decidir si están listos para el viaje de vuelta". Lucía y Alejandro asintieron, con la certeza de los que han encontrado una llave después de años buscándola.

Las Dudas de Lucía

La noche antes de su partida, Lucía no dormía. Algo le decía que no todo estaba dicho. "¿Y si estamos aquí por algo más?, ¿Y si tenemos una misión que cumplir?", le confesó a Alejandro mientras la luna teñía de plata su preocupación. Alejandro, apoyando una mano sobre el hombro de Lucía, buscó darle consuelo: "Quizás nuestra misión sea encontrar nuestro camino a casa y el viaje en sí mismo, nuestro aprendizaje".

Una Revelación bajo las Estrellas

A las puertas de la mañana, Artemio los encontró contemplando el cielo. "Las estrellas son nuestras ancestras, nos cuentan historias de lo que fue y de lo que será; escuchen y aprenderán". Fue entonces cuando una estrella fugaz surcó el cielo y Lucía, siguiendo un impulso, pidió un deseo.

"Deseo comprender", susurró. El viento pareció acoger sus palabras, y el cielo cobró una serenidad inusitada. Artemio les miró profundamente. "Entonces comprendan que cada encuentro, cada paso en este mundo, ha sido un puente hacia su yo olvidado, hacia aquello que eran antes de dejarse atrapar por la vorágine del mundo moderno. Han redescubierto la paciencia, la fraternidad con todas las criaturas y el asombro por el misterio de la vida".

El Momento de la Verdad

Con las primeras luces del alba, el arco de la cascada comenzó a formarse y el momento de la decisión llegó. "Vamos", dijo Alejandro tomando la mano de Lucía. Pero ella vaciló. "¿Y si no estamos listos para lo que nos espera al otro lado?", preguntó. Alejandro, con su confiable serenidad, respondió: "Entonces crearemos el mundo al que queremos regresar, paso a paso, como hemos hecho hasta ahora".

Un Nuevo Comienzo

Atravesaron el arco iris de gotas y luces, sintiendo el frío abrazo de las aguas del tiempo envolviéndolos. Cuando abrieron los ojos, la ciudad ante ellos les pareció diferente: más amable, más verdadera. Lucía miró a Alejandro y comprendió que el viaje nunca termina, que siempre hay puentes que cruzar hacia nosotros mismos.

Juntos se adentraron en la ciudad, no sólo con la memoria de un mundo perdido, sino con la esperanza de un mundo por crear. Habían encontrado cada uno su "yo olvidado" y estaban listos para seguir construyendo puentes, esta vez en su propio tiempo.

Reflexiones sobre el cuento "Puentes hacia el yo olvidado"

"Puentes hacia el yo olvidado" es una alegoría de nuestro viaje interno, una invitación a redescubrir aquellos aspectos de nosotros mismos que hemos olvidado o ignorado en el trajinar diario. Representa la búsqueda constante de sentido y conexión, no solo con los otros, sino también con ese yo más auténtico y a menudo eclipsado por las exigencias del mundo moderno. La historia nos recuerda que cada experiencia es un puente hacia un lugar más profundo en nuestro ser, y que la verdadera aventura comienza al comprometernos con ese camino hacia el auto-descubrimiento y la transformación personal.

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Lucía Quiles López

Lucía Quiles López es una escritora y cuentacuentos apasionada, graduada en Literatura Comparada, que ha dedicado gran parte de su vida a explorar diferentes formas de narrativa y poesía, lo que ha enriquecido su estilo de escritura y narración. Como cuentacuentos, ha participado en numerosos festivales locales y talleres en bibliotecas, donde su calidez y habilidad para conectar con el público la han convertido en una figura querida y respetada. Además de su trabajo como cuentacuentos, Lucía es una colaboradora habitual en revistas literarias y blogs, y actualmente está trabajando en su primer libro de cuentos.

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