Susurros de la oscuridad en sintonía con dos pulsos

Susurros de la Oscuridad en Sintonía con Dos Pulsos

En el crepúsculo de un mundo lejano, Almendra y Joaquín, dos paleontólogos de renombrada valentía, se encontraban en medio de una maraña de selva prehistórica, investigando los restos de lo que una vez fue el reinado de los dinosaurios. Sus botas ya estaban embarradas, y el sudor dibujaba ríos en sus frentes, no por el calor, sino por la excitación del descubrimiento. Almendra, con su cabello ligeramente encrespado y sus ojos llenos de curiosidad, desenterraba con sumo cuidado una serie de fósiles. Joaquín, por su parte, de hablar suave y gesto sereno, trazaba en su libreta cada curvatura de los huesos.

Un rumor antiguo hablaba de una especie desconocida, de un dinosaurio cuyo canto podía ser escuchado solamente por aquellos que resonaban con su frecuencia, que compartían su pulso. La comunidad LGTBIQ+ del campamento, a la que ambos pertenecían, les había nombrado los «Oyentes», pues ellos eran capaces de percibir esos susurros del pasado.

—¿Crees que son ciertas las leyendas, Joaquín? —preguntó Almendra, mientras examinaba una vértebra casi intacta.

Los días pasaron entre la búsqueda de más huesos, la documentación de cada descubrimiento y las charlas nocturnas bajo el manto estrellado que parecía vigilar sus sueños. Una noche, mientras una suave brisa acariciaba las tiendas del campamento, los dos Oyentes escucharon un murmullo: el leve sonido de notas que nunca antes habían sido escritas.

—Es el canto — susurró Almendra con los ojos brillando en la penumbra.

Indagaron en las sombras de la selva, siguiendo el hilo melódico hasta que se encontraron frente a una gruta secreta adornada con pinturas milenarias. Sin dudar, comenzaron la exploración, adentrándose en los misterios que les otorgaba la noche. En el corazón de la cueva, un esqueleto colosal se erguía majestuosamente. Este dinosaurio, bello y desconocido, era la fuente de aquellos acordes arcaicos.

La estructura ósea se hallaba posicionada de tal manera que parecía estar en un baile eterno, una danza con siglos de silencio esperando ser rota por la comprensión.

—He leído sobre esto... Los Kaihoro, maestros del eco y la armonía — murmuró Joaquín, acariciando con respeto el fósil.

Los meses siguientes estuvieron llenos de trabajo, restituyendo cada hueso a su lugar, cada pieza al rompecabezas de la historia. El campamento creció, colegas y amigos llegaron, atraídos por el descubrimiento y las promesas de aquel canto ancestral. Era un trabajo de amor y entendimiento, de diálogos entre la materia y los que buscaban escuchar su relato.

Cada hueso limpiado, cada fragmento unido, parecía intensificar la sinfonía subterránea que los Kaihoro habían dejado como legado en la Tierra.

La noche antes de la presentación mundial, Almendra y Joaquín acamparon junto al gigante dormido. Había una energía en el aire, una promesa que se entrelazaba con la oscuridad confortante y la intimidad de un secreto compartido que pronto sería revelado.

—¿Crees que el mundo está listo para esto? — inquirió Almendra, la anticipación vibrando en sus palabras.

A media noche, un cálido resplandor inundó la cueva. Las paredes se llenaron con luces en movimiento que precedían el alba. Era algo inaudito, colores que danzaban al ritmo de una melodía que crecía con cada instante.

En esa sinfonía de colores y sonidos, los Kaihoro rompieron el silencio de su sueño para acompañar la sorpresa del nuevo amanecer. El esqueleto comenzó a moverse en un ritual viejo como el mundo, una danza que solo el corazón podía seguir.

Almendra y Joaquín, de la mano y con los corazones al unísono, se unieron a la danza. En aquel momento, su amor y su pasión por la paleontología se fundieron con la esencia de los Kaihoro. La cueva ya no era simplemente una tumba ancestral, se había convertido en la cuna de una nueva era, donde los secretos del pasado iluminaban el camino hacia el futuro.

La mañana trajo consigo una revelación que conmocionó al mundo. El sitio no solo era un tesoro arqueológico, sino un lugar vivo, donde la historia y la ciencia se abrazaban. El universo pareció respirar con ellos, cada estrella, cada partícula en resonancia con aquellos palpitantes corazones.

Almendra y Joaquín se abrazaron mientras veían al mundo abrazar su descubrimiento. No había habido un final, sino un principio, y su tarea ahora era cuidar y compartir ese regalo con todos aquellos dispuestos a escuchar.

Reflexiones sobre el cuento "Susurros de la Oscuridad en Sintonía con Dos Pulsos"

Este relato es una celebración del descubrimiento y la conexión, de cómo la curiosidad y el amor pueden trascender el tiempo y el espacio. Mediante un viaje lleno de color y melodía, se busca transmitir la importancia de mantener viva la historia, dejando que nos guíe y enseñe. Almendra y Joaquín, a través de sus diferencias y similitudes, nos recuerdan que es en la diversidad donde se hallan las respuestas y es en el amor donde encontramos la sintonía perfecta. La historia invita a relajar la mente y a abrazar lo desconocido con esperanza y admiración.

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Lucía Quiles López

Lucía Quiles López es una escritora y cuentacuentos apasionada, graduada en Literatura Comparada, que ha dedicado gran parte de su vida a explorar diferentes formas de narrativa y poesía, lo que ha enriquecido su estilo de escritura y narración.Como cuentacuentos, ha participado en numerosos festivales locales y talleres en bibliotecas, donde su calidez y habilidad para conectar con el público la han convertido en una figura querida y respetada.Además de su trabajo como cuentacuentos, Lucía es una colaboradora habitual en revistas literarias y blogs, y actualmente está trabajando en su primer libro de cuentos.

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